TV y redes sociales, ¿aliados o enemigos?

Cuando la televisión llegó a los hogares del mundo, la actividad de verla era fundamentalmente familiar. Como antes ocurrió con la radio, la TV pasó a ser el centro de atención en la casa.

Luego de algunas décadas, en parte gracias a la facilidad de acceder a los aparatos, la pantalla chica fue confinada a la intimidad, a las habitaciones de cada integrante de la familia. De esta manera se perdió el espíritu social que caracterizó su recepción en un principio.

Sin embargo, hoy estamos regresando nuevamente a un modo de ver televisión inminentemente compartido. Pero este elemento social no tiene nada que ver con los comienzos de la televisión. Internet y sus redes sociales han invadido nuestras vidas y aparecieron como una amenaza a la programación televisiva.

La atención que se le presta a la TV ya no es la misma. Según el artículo de la BBC, “Televisión y redes sociales, cada vez más cerca”, un estudio reciente realizado por la agencia de publicidad Digital Clarity arroja que el 80% de los menores de 25 años utiliza una segunda pantalla para comunicarse mientras ve televisión y un 72% utiliza Twitter, Facebook o alguna aplicación móvil para realizar comentarios durante los shows.

La mayoría de la gente, sobre todo los más jóvenes, tienen un ojo en la pantalla de la computadora (o de sus celulares) y otro en la de la TV. Y esto en el caso de que aún miren televisión, ya que la oferta de videos y contenidos en Internet es tan abundante y accesible que amenaza con destronar la grilla televisiva regida por horarios estrictos.

En el mundo de la televisión hace tiempo que se está pensando en estos datos y en cómo hacer para que las redes sociales no jueguen en contra sino a favor de la TV. Muchos programas ya cuentan con perfiles en Facebook y cuentas en Twitter, en los que mantienen actualizada a su audiencia las 24 horas del día a pesar de que estén al aire nada más durante una hora por día o semana.

Las redes sociales han generado un acercamiento de los televidentes a sus programas y estrellas favoritas. A través de Twitter es posible seguir a los actores y enterarse de sus últimas andanzas, tengan éstas que ver o no con la televisión.

Otro factor importante es que las redes sociales permiten e incentivan la realización críticas en forma simultánea a la recepción de los contenidos. Cualquier punto flojo o acierto de un show será difundido inmediatamente en la red. Por eso, la TV tiene la difícil misión de agradar a su audiencia cueste lo que cueste, ya que una mala reputación en Twitter, por ejemplo, puede sacar fácilmente a un programa del aire.

Muchos prevén también que por este motivo el rol del crítico desaparecerá más temprano que tarde. En el momento en que la crítica de un experto es publicada, ya miles han dado la vuelta al mundo. Según Sibyl Goldman, vicepresidenta del área de espectáculos de Yahoo!, “los tradicionales críticos de televisión pasarán a un segundo plano. Ese lugar va a ser suplantado por las redes sociales, donde la gente va a seguir los consejos de otros usuarios en quienes confía”. Los televidentes y usuarios de las redes sociales quieren discutir, polemizar y contraponer argumentos, no hace falta que ningún “experto” les marque la pauta de lo que deberían consumir. Sin embargo, esto no significa necesariamente un paso adelante, ya que la formación y experiencia de un crítico profesional no debería dejar de ser referente para el público.

Un caso novedoso de la sinergia entre las redes sociales y la TV fue la creación de un libro y una sitcom basados en una cuenta de Twitter. Se trata de Sh*t My Dad Says, creado por Justin Halpern, un joven de 29 años que se hizo famoso por twittear las tonterías que dice su padre de 74.

Los tweets tuvieron tan buena llegada (actualmente cuenta con 2.441.668 seguidores) que pronto salió a la venta un libro y al poco tiempo la cadena CBS firmó un contrato para producir una sitcom protagonizada por William Shatner que ya lleva una temporada al aire.


Por Yasmin Reddig

No hay comentarios:

Publicar un comentario